Miquel Martínez Martín, nos presenta un estudio de la formación universitaria, desde la Universidad de Barcelona (España), donde nos manifiesta una alerta en cuanto una formación universitaria llena de fórmulas y vacía en valores ciudadanos.
El estudio de Miquel Martínez señala que la universidad es el lugar en el que se aprende el conjunto de saberes que permitirán al egresado ejercer una profesión o dedicarse al ámbito de la investigación. Sin embargo, no resulta tan obvio que la universidad sea un lugar en el que se aprenda un conjunto de saberes éticos y ciudadanos. Partiendo de este señalamiento, se sostiene que una de las funciones de la formación universitaria es de carácter ético y que no puede entenderse una formación universitaria de calidad que no incorpore de forma sistemática y rigurosa situaciones de aprendizaje ético y de formación ciudadana.
La Universidad de Barcelona identifica tres dimensiones formativas en la función ética de la universidad en la sociedad actual:

  • La formación ética relativa al ejercicio de las diferentes profesiones.
  • La formación ciudadana y cívica de sus estudiantes.
  • La formación humana, personal y social, que contribuya a la optimización ética y moral de las futuras y futuros egresados en tanto que son personas.

El estudio, presentado por Martínez, argumenta que una formación universitaria de calidad no puede separar la formación profesional de la formación. De esta manera debe educarse para no solo competir sino tambien para valorar, valorando lo que me rodea.
Para que la formación universitaria rinda sus frutos debe estar centrada en que está conformada por personas. Y esta debe extenderse en la relación estudiante y profesor, como entre los mismos estudiantes.
Nuestra propuesta sostiene que una de las funciones de la universidad es de carácter ético y, por lo tanto, no puede entenderse una formación universitaria de calidad que no incorpore en forma sistemática y rigurosa situaciones de aprendizaje ético y de formación ciudadana. Ésta es una afirmación que (como mínimo) debe argumentarse, ya que la actitud y la predisposición que el profesorado universitario de las diferentes disciplinas muestra al respecto no siempre es favorable y con frecuencia es, en el mejor de los casos, de curiosidad o de duda frente a las razones que justifican nuestra postura.

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